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Feb 22
El valor de la Seguridad Democrática PDF Imprimir E-mail

Por Daniel Alejandro @daniel_col

En el 2002 muchos anhelaban seguridad, pero nadie se preocupaba por ello, los partidos políticos tradicionales se habían enredado en negociaciones de paz con unos hombres déspotas y además sordos, pues solo tenían oídos para las consignas marxistas y no para palabras que llevaran a un acuerdo.
Recordemos que en ocho años de seguridad se logró reducir la tasa de homicidios 46,4%, el número de secuestros se redujo en 90,2%, la perpetración de actos terroristas en 71,4% y desde 2004 se logró que cada alcalde gobernara desde su municipio, cuando 350 alcaldes despachaban desde la capital de su departamento, y no desde su municipio, en el año 2002.

Ya pocos recuerdan esos días oscuros de ayer, cuando los terroristas se tomaban a sangre fría pueblos y veredas, cuando realizaban sus “pescas milagrosas” en las que paralizaban el tráfico, quemaban los vehículos y se llevaban a cientos de compatriotas nuestros al cautiverio. Todo esto sucedía a los ojos atonitos del país y el mundo sin saber cuando pararía esta barbarie. Tengo recuerdos apenas borrosos de los boletines de los noticieros, pues era todavía un niño cuando presencié semejante salvajada, a esa edad uno no entiende de ideologías ni del narcotráfico que las sostiene, pero no por eso no causaba horror y miedo.


Dios sabe como hace sus cosas y en el 2002 Colombia tomó una decisión valiente: votar por un hombre que trabajaría hombro a hombro con la Fuerza Pública, Álvaro Uribe Vélez que se propuso retomar desde el primer día el control democrático de la nación para que los campesinos volvieran a sus fincas a cultivar alimentos y a cuidar sus vacas y así mantener sus humildes familias, retomar las carreteras, el aire y los ríos para el comercio y el paseo de vacaciones que tanto esperan las familias que trabajan arduamente la mayor parte del año.


Por mucha voluntad política que hubiera, nada de esto se lograría sin unos hombres valientes que salieran en nombre de sus compatriotas a defender la paz y la bandera de la República, hasta en los pueblos y selvas más alejados de la capital; miles de solados salen a cuidar esas carreteras, pueblos, mares y ríos que le pertenecen a la mayoría de colombianos, que pese a la  violencia, trabajan y viven honradamente con la esperanza de un mejor mañana.
Después de entregar sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, recordando a Winston Churchill, uno esperaría como mínimo que los recibiéramos con un corazón lleno de gratitud, con la bandera tricolor y entonado el Himno Nacional, ¡No!, De ellos nadie se acuerda, si no los matan las balas, las minas y los explosivos de los salvajes terroristas, llega un juez a hacer la tarea que no hicieron los otros, los llaman a juicio sin ninguna ayuda para su defensa y sin garantías procesales, todo para encerrarlos en prisión por decadas y tal vez hasta la muerte, y así someter al país al yugo del terrorismo, en palabras de ellos, buscar una ‘salida negociada del conflicto político y social colombiano’.
Para terminar, voy a recordar unas maravillosas palabras de unos de los mejores presidentes que los Estado Unidos tenga memoria:

Casa de GobiernoWashington, Nov. 21, 1864A la señora Bixby, Boston Mass.

Estimada señora.

Me han mostrado en los archivos del Ministerio de Guerra una declaración del ayudante del general de Massachussets expresando que usted es madre de cinco hijos que han muerto gloriosamente en el campo de batalla.

Sé cuán inane e infructuosa ha de parecer cualquier palabra mía que intente distraerla de su aflicción por una pérdida tan abrumadora, pero no puedo abstenerme de ofrecerle el consuelo que quizá se encuentre en la gratitud de la República, para salvar a la cual murieron.

Ruego al Padre Celestial pueda aplacar la angustia de su pérdida, y le deje sólo el afectuoso recuerdo de los seres queridos y perdidos, y el solemne orgullo que debe usted sentir al haber realizado tan costoso sacrificio en el altar de la libertad.

Muy sincera y respetuosamente suyo, Abraham Lincoln.


 

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